Hace una semana que B. se marchó y parece que fuera ayer. Me gustó mucho su visita, he de decir. Iniciálmente iban a venir S. y B. pero, fortunas de la vida, S. prorrogó el contrato de trabajo y no pudo ser. B. se pateó la ciudad de punta a punta (literálmente), probó algo que a día de hoy seguimos sin saber (teóricamente era pollo, pero tenía pelos y no sabía a nada que se le pareciera a un pollo) y se tomó tantos cafés y croissants como pudo. Yo compartí muchos de esos momentos con ella, aunque desgraciadamente no todos por motivos de trabajo. Nos probamos vestidos chinos (ahora no me acuerdo del nombre) y subimos al Peak para pasmarnos de frío y volver a regatear en el Temple Street. Cenamos con A. y A. y compartimos con risas el momento de terror a los animales de A. (When we were in Italy, A. went to ask some villagers whether it could be possible to go to the toilett. She fancied Italian and thought she could be Italian for a while. She headed to the house and after two seconds, A. started banging on the door and said to us, open the door open the door. Once she was in the car, she just looked at my dad and said run run run, a dog is barking!!)
Ahora pienso en lo que le decía a mi amiga L. ayer por mail…
Mi despacho tiene hormigas. Suben por las paredes. Antes no había muchas e iban de una en una. Ahora hay más y recorren el mismo trayecto una y otra vez (Las hormigas generan un aroma al caminar y que es lo que les permite orientarse) El otro día me di cuenta que una hormiga iba en una dirección y otra hormiga justo en la otra. Cuando se encontraron, se pararon, se observaron y juntas emprendieron el camino.
Por eso, en nuestro camino, nosotros decimos con quién compartirlo.




